necesidades

¿Deseas tener hijos? ¿Para qué?

La recompensa de la vida es para aquellos que dejan atrás el pasado

Te has preguntado qué necesidad  puede haber,  más allá de la inicial que nos sale, y que se eleva  a través de capas y capas de más necesidades y responde a la pregunta ¿Para qué necesito, para qué quiero tener hijos? ¿Qué satisfago dentro de mí? ¿Acaso los tenemos para recibir algo de ellos? Su compañía, su afecto, su alegría  o  su dolor, su tristeza, su decepción… ¿Acaso los tenemos para ofrecerles algo?  ¿y si no lo quieren..? ¿Cómo nos afecta eso?

A cada persona le emergen diferentes respuestas a éstas u otras preguntas, que ahora mismo, te hagas.  Contestarlas  a modo de reflexión te puede ayudar a tomar conciencia de la verdadera necesidad  que cada uno desea  satisfacer y cómo ésta puede ser diferente dependiendo de la situación personal  y sobre todo del momento en que hagamos la elección de querer tener hijos.

Los problemas psicológicos derivados de la existencia de un mundo violento, con ritmos trepidantes, con informaciones que viajan a velocidad de la luz y que pueden dañar cerebros aún demasiado inocentes y vulnerables hace que la decisión de tener hijos sea cada vez más cuestionada por cada uno  y sobre todo tomada de forma mucho más responsable y consciente.

Los valores actuales del mundo como son la competencia y la corrupción pueden indicarnos que necesitamos un cambio en el modo de aproximarnos al nacimiento de algo o alguien.

El mundo está superpoblado y cada vez, pareciera que, lo que dejamos en descendencia hay que cogerlo con “pinzas”.  Por tanto ¿Qué se satisface dentro de un –hombre y mujer- para traer hijos al mundo. ¿Es una necesidad sólo biológica para perpetuar la especie? ¿Una necesidad de pertenencia a algo como por ejemplo para continuar un negocio familiar? ¿Una necesidad de crear y celebrar la vida? ¿O de contribuir a su bienestar? … ¿Cuál es tu motivación para tener hijos?

Hay más preguntas  ¿Qué oportunidad representan los hijos en nuestra vida? ¿la oportunidad de dar y recibir? ¿la oportunidad de observar y aprender? ¿la oportunidad de tolerar y aceptar? ¿la oportunidad de acompañarles en sus fantasías y sueños? ¿la oportunidad de vivir su inocencia y sencillez? ¿la oportunidad de compartir su espontaneidad? ¿la oportunidad de observar sus 7 inteligencias?¿La oportunidad de sentir lo que ellos sienten sin interferir? ¿La oportunidad de ser consciente de todo aquello que no quieres repetir? ¿la oportunidad de ser prácticos? ¿la oportunidad de ser claros? ¿la oportunidad de vivir sus equivocaciones?…..

Y ¿Cómo los queremos tratar? ¿como posesiones? ¿Nos pertenecen? O ¿Cómo seres humanos con capacidad para sentir, actuar, aprender, equivocarse, probar, arriesgar, jugar y amar? y los hijos de los demás… ¿cómo los consideras? ¿qué oportunidades representan para tu vida? ¿cómo hay que tratarlos?

¿Son muchas las preguntas? Tal vez te sorprendas llegar a una sola respuesta

¿Qué es la Comunicación NoViolenta?

El secreto de la felicidad está en la libertad y el secreto de la libertad está en el coraje (Tucídides, 460aC-390aC historiador griego)

El secreto de la felicidad está en la libertad y el secreto de la libertad está en el coraje (Tucídides, 460aC-390aC historiador griego)

En los talleres de Comunicación con Coraje y en sesiones individuales de Coaching hay momentos que las personas piden, ir más allá de un “bien”, “genial” “regular” “mal” … expresiones que poseen un nivel más  profundo,  más sutil, más amplio y,  colaboran para que emerja el potencial creativo, humano y poderoso de un nuevo ser humano.  Personalmente, la figura de ese iceberg emula ese potencial que hay en cada persona a punto de ser puesto al servicio de uno mismo y de la humanidad.

Ir más allá de la expresión es danzar con el modelo de la Comunicación NoViolenta™ de Marshall B. Rosenberg (psicólogo clínico estadounidense) que basa sus investigaciones en 4 sencillos pilares

  1. Actos concretos que observamos que afectan nuestro bienestar.
  2. Cómo nos sentimos en relación con lo que observamos.
  3. Las necesidades, los valores, los deseos, etc., que crean nuestros sentimientos.
  4. Los actos concretos que queremos pedir a la otra persona para enriquecer nuestra vida.

Cuando nos servimos de este modelo, comenzamos a expresarnos de una manera personal o empática al prestar atención a nuestros sentimientos y necesidades que un hecho o situación han despertado. Todas las necesidades son universales y cada uno de nosotros tenemos la capacidad y el poder de satisfacerlas por nosotros mismos.  Pero a veces, si no la mayoría, las dejamos a merced de que sea el otro quien lo haga y el otro hace lo mismo con el uno y así, entramos en una espiral sin fin que solo trae malos entendidos, conflictos y un excesivo gasto de energía personal.

La esencia de la CNV está en la conciencia y en la atención en el presente. Esto tan sencillo y a la vez complicado nos permite vislumbrar el fondo de las situaciones a través de las  formas utilizando como medio de expresión, las palabras. Cuando aplicamos la CNV a nuestras relaciones -ya sea con nosotros mismos, con otra persona o con un grupo-, conectamos inevitablemente con nuestra compasión natural, que se encuentra oculta tras diversas capas de condicionamientos culturales; justamente ahí está la complicación: en el peso de ese condicionamiento cultural.

 ¿Y qué es lo que hay tan oculto?

Sencillamente, las necesidades que estamos intentando satisfacer en un momento determinado y que son nuestros sentimientos quienes actúan como un semáforo que avisa. Será rojo cuando tengamos necesidades insatisfechas y será verde cuando nuestras necesidades estén satisfechas.

Se trata, pues, de un enfoque que puede aplicarse de manera efectiva a todos los niveles de comunicación en las situaciones más diversas:

  1. Relaciones íntimas
  2. Relaciones de Familia
  3. En colegios, institutos, universidades
  4. Organizaciones empresariales e institucionales
  5. Terapias, asesoramiento psicológico, coaching
  6. Negociaciones diplomáticas y comerciales
  7. Disputas y conflictos de todo tipo
  8. Aclarar situaciones con uno mismo
  9. Toma de decisiones

En nuestra cultura existe un concepto tácito que las necesidades son una carencia de algo además de ser negativas y destructivas. Cuando se dice que “alguien tiene muchas o pasa por muchas necesidades”  se está sugiriendo que esa persona es inmadura o inadaptada. Y cuando alguien las expresa a menudo, se les llama “egoístas”.

En nuestra cultura, no solo nunca se nos ha enseñado a conocer y aceptarlas positivamente,  sino que  hemos sido sometidos a un condicionamiento cultural que obstruye nuestra conciencia al respecto. Heredamos un lenguaje que estuvo al servicio de los reyes y de las élites que manejaban el poder en sociedades basadas en la dominación. Las masas nunca fueron alentadas a desarrollar una conciencia de sus necesidades, sino educadas para ser dóciles y someterse a la autoridad.

Gran parte de un aprendizaje cultural de dominación se encuentra tan arraigado en nuestra vida que  ni siquiera somos conscientes de ello. El actor Buddy Hackett, sometido diariamente a la comida de su casa, pesada y muy picante, manifestó que hasta que hizo el servicio militar siempre había creído que era imposible levantarse de la mesa sin sentir acidez de estómago.

La CNV nos alienta a distinguir la observación y la evaluación, a reconocer los pensamientos y necesidades que dan forma a nuestros sentimientos y a expresar lo que pedimos en un lenguaje de acción claro, potenciando nuestra conciencia del condicionamiento cultural que nos influye en determinados momentos.

Cuando aplicamos la CNV nos centramos en clarificar lo que observamos, sentimos y necesitamos en lugar de dedicarnos a evaluar, diagnosticar, juzgar, criticar descubriendo cuán profunda es nuestra compasión.

La CNV hace un especial énfasis a una escucha activa, atenta y profunda –no solo a los demás, sino también a nosotros mismos- propiciando el respeto y la empatía y engendrando un deseo mutuo de dar desde el corazón.

“Todo se puede oír y todo se puede expresar “en lenguaje CNV”, porque hay una renuncia consciente a vulnerar los sentimientos de los demás, abandonar el papel de víctima y tomar una actitud más responsable y activa prestando oído a las palabras de la otra persona y tratar de descubrir los sentimientos que estaban OCULTOS en ellas (y en nosotros mismos)

El otro no existe para hacernos felices y nosotros no existimos para escuchar lo importantes que somos para el otro. Hemos de aprender a aceptarnos y amarnos de modo que cada uno pueda realizarse por su cuenta y a la vez ambos contribuyamos al bienestar común.

Fuente: Libro “comunicación no violenta un lenguaje de vida de Marshall B. Rosenberg”